jueves, 24 de abril de 2008

Poema "Delicta Carnis"

Los días clandestinos
cuando recuerdo,
alejado mi intelecto a prudente distancia,
fantaseo, me regocijo con erotismo y cariño
en los tiempos aquellos que te hice mía.
Ahora es gracioso recordar la lujuria
en aquel momento del coqueteo
cuando insistiendo seducí tu mente y cuerpo
-embriagado yo de libido- con caricias.
Al compás de un ritmo desenfrenado
derretí el pudor, arriesgaste todo,
caían al suelo tus ropas y las mías
recorriendo nuestros ardientes cuerpos.
Disfruté cada beso que te adherí
respirando el aroma delicado, dulce de tu piel,
al principio tan constante, tan tuyo,
después de un tiempo, confundido con el mío.
Cada mordisco a tus pezones inquietos
que voluptuosos pedían mis besos
y en mil momentos les cubrí con ellos
disfrutando de su belleza.
Mis ansiosas manos te exploraron
¡Cuántas veces recorrí tu ser!
Apresando cada centímetro de inocencia
que a nuestro amor ofrendaste.
Seducida, despertaste como mujer,
mi cuerpo habituaste al tuyo
otorgándome el placer unido
del corazón y de la carne.
Con ingenuidad mudaste al niño pícaro
en realizado hombre, ávido cual bestia
de tus deseos, de tus ansias,
por natural instinto de la pasión.
Cuando al fin te tuve entre mis brazos
y bebí las mieles de tu cuerpo,
dulce néctar, ritual anhelado
¡Qué excitación saborear tu sexo!
fue tierna la timidez de tu vagina,
al primer contacto con mis labios
se cimbró agitada, expectante,
intuyendo el fin de tan íntima caricia.
No hay lunar tuyo que ignore,
depositaste tu corazón en mis manos,
aprecié tu desnudez en la confianza
al rechazar las voces del recato.
Dentro de ti percibí nuestros espíritus
como si fueran los dos uno solo,
emoción de paz,
feliz derroche de besos y caricias
entre nuestras formas apasionadas,
tus ojos fijos en los míos,
cómplices miradas, nerviosas,
profundas frases tiernas
mezcladas con palabras salvajes,
dos te amo, dos te quiero y el placer mundano.
En el clímax de nuestro canto
surgiendo indescriptible y sorpresivo
como flor que el viento arranca,
la cálida caricia del orgasmo.
El tiempo parecía esperarnos
más no suficiente para prolongar la dicha.
Hoy que te recuerdo en mis sueños
y en mis lúcidos momentos,
nos desnudamos como entonces
uno al otro, dos enamorados,
nos tocamos sin estar presentes,
sigues recorriendo mi cuerpo,
sigo deslizando mis manos,
y entre dos te amo, dos te quiero, somos uno.

Este es sin duda un polémico trabajo. (¿es o no es poesía?)
Espero que me den su comentario más franco.
Y que lo disfruten...

Atte, Carlos E. De La Rosa G.

P.D. Visiten la pagina del Ateneo Literario José Arrese,
hay una convocatoria para el concurso MATER ADMIRABILIS.

1 comentario:

Anónimo dijo...

muy buen escrito vaya mujer que mas podrias describir de ella nos hace imaginarnos otro mundoque jamas conoceremos