Este poema fue inspirado por una hermosa mujer, y lo escribí como si fuera ella la que hablara, ya que me dijo que al tomar café, se acordaba de mí
Aspiro en el vapor
de una taza de café tu ansiedad,
tu enérgico deseo,
como en aquellas horas siguientes al rocío,
cuando las rosas de mi jardín
abrieron sus capullos a tu llegada.
Una vez más eres ígneo,
estruendo que nace en mis cordilleras,
otras veces;
lago, ternura
y suavidad.
Este aroma recorre
mi hoy desierto paisaje,
igual a tu embeleso, antes,
cuando hidratabas mis flores,
Pero mira, sólo sorbos del pasado
ondean en mis dunas,
ya no habrá más encuentros
ni tocarás mi amor,
ni devorarás mis caricias
en aquél lecho donde rompimos
el límite de los mortales.
Es una certeza que me afrenta
desde la nostalgia a que me sabes,
en esta taza en que pruebo
lo que a mi momento le parece
un desnudo de tu esencia.
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