sábado, 16 de junio de 2012

Este soy yo.


Si me pides que muera,
lo hago porque quiero estar donde descanses tus brazos,
aunque sólo sea abrazando mi ausencia.

Este soy yo
y antes que decidas cerrar la puerta
deja que te hable un poco,
sé que tengo el sueño perdido
y que la música no será de fiesta.

Si no fuera por todo lo que ya dije
podría empezar de nuevo
para entregarte mis palabras
con una mesura dulce,
sin estorbar con barricadas a los silencios,
sin sobrepasar la medida exacta
de lo que debo decir,
que tampoco tus oídos
reciban el azote de mi boca.

¿Y qué decir entonces?
Lo único sincero que conozco
es que te quiero.

Este soy yo,
en mis rodillas llevo las marcas
de las caídas que me encontré
en mis juegos cuando era un niño,
en mi piel se dibujan los caminos
que alguna vez anduve bajo el sol,
pero el color no se irá
ni se borrarán los surcos,
aquí permanecen dando cuenta
de las noches, de los días,
de la espera y la llegada,
de algún triunfo, de cualquier derrota
y su semblante de guerra.

Este soy yo,
con una historia sin terminar
cargando sobre el cuerpo,
con la mano extendida
deseando que me invites
a subir al movimiento
de tu travesía.
Y del pasado que llevo
sincronizado con fuego,
se queda flotando cerca
para evitar que algún
mal ya conocido
me aceche de nuevo.
Esas calles que no serán transitadas
son los escenarios de mis futuros triunfos,
cuando lo más profano del mundo
sea sublimado a base de experiencia
y coraje.

Este soy yo,
con lo que fui alguna vez,
marcándome con prudencia
las rocas que no veo
y que alguna vez me hicieron caer,
rodar por una cuesta sin sentido de ida o vuelta.
Pero aquí estamos,
y no tengo más pertenencias
que mi largo pasado,
mi palabra y las oraciones aprendidas.
Si en alguna parte hago eco,
si en algún lejano pensamiento
anida un ave con la esperanza
batiéndose con vigor para encontrarnos,
si tu me dirás te quiero
en el mejor de mis sueños realizados,
entonces tomarás un hombre de la mano
que no puede abandonar los ecos,
porque ya no es posible desprenderse
de lo que alguna vez fuimos,
este soy yo,
después de haber sido uno más,
fui creado de esas cenizas,
soy el renacimiento.

Así fue creado este hombre que hoy miras,
desde la página blanca,
desde el día de mi nacimiento,
que si no fuera yo uno sólo,
pasado y hombre disociados;
no me hubiera enamorado
y este texto estuviera muerto.

Este soy yo,
a partir del momento que tus ojos
se clavaron con mil ganzúas
y se adhirieron a mi pecho.
Si me pides que viva,
lo haré porque al abrir tus brazos
no queda duda que encontraré mi sueño,
que escucharé los gritos de tus manos
buscando las mías en el tiempo.

Este soy yo,
y antes que decidas cerrar la puerta,
déjame mirarte un poco...

    Netohualcóyotl (Carlos Ernesto Dramante)